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Sostenibilidad y hormigón
Hoy en día el término sostenibilidad es un término asumido por nuestra sociedad que aunque abarca a cualquier campo, no en todos está desarrollado al mismo nivel. Por otro lado, si bien es cierto que se habla mucho de sostenibilidad también es cierto que los desarrollos de cómo medir la misma están claramente por detrás.
La sostenibilidad es un concepto global, no específico de las estructuras de hormigón, que requiere que se satisfagan una serie de criterios de carácter económico, social y medioambiental y tal como señalan Marí y Rodríguez1 , durante los últimos años, los diferentes agentes sociales han venido manifestando una creciente sensibilidad por los aspectos ligados a la protección del medio ambiente y a la consecución de un desarrollo sostenible.
En este sentido, lejos de considerar la construcción como una actividad inocua, la opinión pública tiende a percibirla como uno de los principales factores que contribuyen a la afección del medio natural. Hay que tener presente que la dimensión económica de la actividad ligada a las estructuras de hormigón puede situarse en el entorno del 2,4% del PIB del año 2007, en lo que hace referencia a los sectores industriales relacionados sólo con los materiales y productos incluidos en la Instrucción EHE (son incluir la propia actividad constructora).
En consecuencia, a la hora de plantear una revisión profunda de la instrucción EHE, la administración a través de la Comisión Permanente del Hormigón entendió oportuno introducir diversas consideraciones sobre la posible contribución a la sostenibilidad de las actividades de proyecto y ejecución de estructuras de hormigón.
¿Como incorporar la sostenibilidad en una instrucción de hormigón?
La incorporación de la sostenibilidad en la nueva versión de la instrucción EHE se plantea fundamentalmente a través de aspectos medioambientales tanto en el articulado como en el anejo 13 sobre el Índice de Contribución de las Estructuras a la Sostenibilidad (ICES).
En el articulado se incorporan unos principios inspiradores, tales como: uso racional de la energía empleada (tanto para la elaboración de los productos de construcción, como para el desarrollo de la ejecución), el empleo de recursos renovables, el empleo de productos reciclados y la minimización de los impactos sobre la naturaleza como consecuencia de la ejecución y la creación de zonas de trabajo saludables. Todo ello se concreta con medidas de actuación directa como: posibilidad de emplear áridos reciclados, o agua procedente del lavado de las cubas en las centrales de hormigón, el fomento de subproductos industriales, etc, y la cuantificación de dichas medidas.
El Anejo 13, por su parte, define un índice de contribución de la estructura a la sostenibilidad (ICES), obtenido a partir del índice de sensibilidad medioambiental de la misma (ISMA), estableciendo procedimientos para estimarlos cuando así lo decida la Propiedad (carácter voluntario), dado lo novedoso del sistema. De hecho esta es una novedad, no sólo nacional, si no también en el ámbito internacional.
El Anejo ICES
La estimación de indicadores de sostenibilidad (ICES) o, en su caso, medioambientales (ISMA) contemplados en el EHE, tienen como finalidad el establecimiento de un parámetro cuantitativo de valoración de la sostenibilidad de la estructura en relación con estos aspectos, que además permite la comparación entre distintas soluciones estructurales para una misma obra. En general, una estructura tiene mayor valor a efectos de sostenibilidad cuando compatibiliza las exigencias definidas en el artículo 5º de la EHE con los siguientes aspectos:
• la optimización del consumo de materiales, empleando menores cantidades de hormigón y de armaduras,
• la extensión de la vida útil de la estructura, que produce una mayor amortización durante la misma de los posibles impactos producidos en la fase de ejecución,
• el empleo de cementos:
º que incorporen subproductos industriales, como las adiciones minerales admitidas por la reglamentación vigente,
º que se obtengan mediante procesos que incorporen materias primas que producen menos emisiones de CO2 a la atmósfera,
º que se obtengan mediante procesos que consuman menos energía, especialmente mediante el uso de combustibles alternativos que permitan el ahorro de otros combustibles primarios y la valorización de residuos
• el empleo de áridos procedentes de procesos de reciclado,
• el uso de agua reciclada en la propia planta de fabricación del hormigón,
• el empleo de aceros:
º que procedan del reciclado de residuos férricos (chatarra),
º que se obtengan mediante procesos que produzcan menores emisiones de CO2 a la atmósfera,
º que demuestren un aprovechamiento de sus residuos como, por ejemplo, de sus escorias,
• la implantación de sistemas voluntarios de certificación medioambiental para los procesos de fabricación de todos los productos empleados en la estructura y, en particular, los de fabricación del hormigón en planta y los de elaboración de las armaduras en la instalación de ferralla, incluyendo su transporte hasta la obra
• el empleo de productos en posesión de distintivos de calidad oficialmente reconocidos que favorezcan la adecuada consecución de las exigencias básicas de las estructuras con el menor grado de incertidumbre posible,
• el cumplimiento de criterios preventivos adicionales a los requisitos establecidos por la reglamentación vigente que sea aplicable en materia de seguridad y salud de las obras,
• la aplicación de criterios innovadores que aumenten la productividad, la competitividad y la eficiencia de las construcciones, así como la accesibilidad del usuario a las mismas,
• la minimización de los impactos potenciales sobre el entorno, derivados de la ejecución de la estructura (ruido, polvo, vibraciones, etc.), y
• en general, el menor empleo posible de recursos naturales.
Todo ello se articula en un árbol de toma de decisiones como el planteado en la figura adjunta, en el que se dan unos pesos a cada elemento de la decisión, cara a obtener el índice de valor.
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El valor del indicador para cada una de las alternativas se define mediante una función de valor, definidas por consenso dentro del grupo de especialistas que conformaron el grupo de trabajo. Como puede apreciarse, los elementos considerados de la decisión se entienden como complementarios y responden a los de mayor responsabilidad en la decisión desde el punto de vista de la sostenibilidad.
Alcance del anejo
Desde el punto de vista de la implantación práctica, se proponen dos etapas de cálculo del índice ICES. Una primera correspondiente a la etapa de proyecto, en el que se mide el ICES de proyecto, requiriéndose necesariamente, que las medidas que después se van a evaluar, estén:
• Recogidas en el pliego de condiciones y otros documentos de proyecto.
• Valoradas económicamente en el presupuesto.
En el caso de que no cumplan alguna de estas dos condiciones los indicadores posteriores no serán valorados o se situarán en el escalón inferior.
Una segunda etapa correspondiente al final de la obra en el momento de recepción de la misma. Con el mismo se pretende que el grado de cumplimiento en la ejecución esté de acuerdo con las prescripciones de proyecto debiéndose cumplir que ICESproyecto ≤ ICESejecución.
Dado que en la obra pueden aparecer incertidumbres que cambien el valor de algunos de los elementos considerados en la decisión, se permite una política de cambios, siempre que al final, se compense con otras medidas y, consecuentemente el ICESejecución sea mayor o igual al inicialmente planteado en proyecto.
A manera de conclusión cabe dar la bienvenida al índice ICES por lo que representa y el carácter innovador del mismo y animar a las Administraciones, proyectistas y usuarios a trabajar con el ICES a pesar del carácter voluntario, por la oportunidad que representa.
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